- Verifique el sistema para cerciorarse de que está limpio y
de que sus alrededores están libres de suciedad. Repita la operación
todos los meses y cambie el filtro cuando sea necesario.
- Llame a un profesional para que inspeccione el sistema y verifique
el nivel del refrigerante.
- Retire todos los muebles de las proximidades de las rejillas y conductos
del sistema.
- Cierre puertas y ventanas y verifique su aislamiento.
- Reduzca la velocidad del ventilador cuando el tiempo sea húmedo
para eliminar la humedad del aire, lo que aumentará la sensación
de frescor.
- Lave la ropa o los platos, báñese o friegue los suelos
al final del día o a primera hora de la mañana, ya que
estas actividades producen humedad y aumentan la existente en el hogar,
lo que obliga al sistema a funcionar a más potencia.
- Lave la ropa con agua fría, cocine con el fuego más
bajo posible y no abra el horno cuando tenga algo en él.
- Baje las persianas y cierre las cortines para evitar que la casa se
caldee por la acción directa del sol.
- Apague las luces cuando no sean necesarias. Tres cuartas partes de
la electricidad que emplea una bombilla desprenden calor, no luz.
- Mantenga todos los aparatos que producen calor lejos de los termostatos
para que no los “engañen” y los obliguen a funcionar
más tiempo del necesario.
- Haga uso de un termostato programable parar controlar el funcionamiento
del sistema.